Vicente Javier-F

GRACIAS POR ENTRAR EN ESTE TROCITO DE MUNDO PARTICULAR, POR AYUDARME A BUSCAR ESE MOMENTO DE PLACIDEZ. A VECES NOS LLEGA SINTIENDO LO BELLO, LO SUAVE Y SERENO. LO MISMO TE OCURREN LOS SALTOS DE ASOMBRO. LA VISTA LO APRECIA Y LO BUSCA INCESANTE.







GRACIAS DE NUEVO AL LEER LO QUE ESCRIBO. LO MISMO OS DIGO POR VER LO QUE VI.







martes, 30 de abril de 2019

Ceder los pétalos a dedos infelices


Todos pétalos son dientes
de una sierra
que te rasga
en una alterna sucesión de incertidumbres,
y te duele
con sus síes
con sus noes,

y su pobre corazón dorado,
cuando quede sin respuesta
y sin pétalos cedidos a las yemas de los dedos infelices
que pregunten
por venturas,
no será sino una límpida mirada
que perdiera sus pestañas
por cederlas
al capricho
de unos rostros embebidos
por el duro sinsabor en duda.

sábado, 6 de abril de 2019

UVE


Vienen                    variados
viéndote,        por       vastos
Vicente,                      vendavales

(lo cual indica
lo inclemente de

venir               en     
virando                       vano).

lunes, 4 de marzo de 2019

Ofrecimiento en blanco

Dispongo de un trocito de estrecha
eternidad marchita:
350   m/2 (cuadrados
los metros que ocupe el existir —sin ti—).

jueves, 28 de febrero de 2019

Sueña una rosa en tu interior


Y si acaso fuera herida
lo que brote
por la savia de tu don,
sueña siempre
que pusiste
tu jardín
junto a mi voz.

martes, 26 de febrero de 2019

Creer que el labio asumirá la hechura

Creer que el labio asumirá la hechura
de toda acidez que reine
penetrando por los gajos
de los siglos que llegaron entre dientes.

domingo, 24 de febrero de 2019

La soledad, que parta


La soledad, que parta,
que no nos someta tanto
a un estar cubiertos solo
de un montículo que tape
todo; la soledad innata.

viernes, 15 de febrero de 2019

"Holas" en el aire


Cuando escribes “holas” en el aire
y el rumor marchito se ha marchado
porque ya no queda nada
que me llene
los momentos delicados,
y el adiós es turno inaplazable
de los días,
sobre pájaros tendidos
a los pies de un universo sin trastienda,
donde solo hayan vivido
los adioses que te miran.