Algún día,
cuando sienta un arrebato infértil,
tomaré las ansias que soplaron fuerte,
y diré tu nombre a mis entrañas, siempre;
por tenerte. Por tenerte.
Algún día,
cuando sienta un arrebato infértil,
tomaré las ansias que soplaron fuerte,
y diré tu nombre a mis entrañas, siempre;
por tenerte. Por tenerte.
Te pondré una rosa fija en las pupilas,
de un bermejo intenso,
de una mera herida
si la quitas.
Te pondré una mísera sonrisa,
cabalgando a lomos
del carmín que usas
en esos labios secos
cuando cesan
de besar
la rosa.