Vicente Javier-F

GRACIAS POR ENTRAR EN ESTE TROCITO DE MUNDO PARTICULAR, POR AYUDARME A BUSCAR ESE MOMENTO DE PLACIDEZ. A VECES NOS LLEGA SINTIENDO LO BELLO, LO SUAVE Y SERENO. LO MISMO TE OCURREN LOS SALTOS DE ASOMBRO. LA VISTA LO APRECIA Y LO BUSCA INCESANTE.







GRACIAS DE NUEVO AL LEER LO QUE ESCRIBO. LO MISMO OS DIGO POR VER LO QUE VI.







martes, 30 de mayo de 2017

Y tú

Y tú,
¿Sigues diciendo
que las ventanas no cierran
y penetra el exterior como corriente
revuelta,
tú,
que has rendido tu virtud
encadenando los miedos
a un extraño estar ausente
del pulular de lo externo?

Y tú,
¿has visto el color ameno
otorgado tras los quicios
de los portones
de encierro?

Sangre sin cielo,
alma mordida en profundo suspiro;
sangre que encierra
nociones de encuentro,
forzando un reguero que expanda
la fuerza que oprime tu celo.

Y tú,
¿llamas de nuevo;
sabes de encuentro?



domingo, 21 de mayo de 2017

Colócame en la boca

Colócame en la boca un algo,
acércame una rama de romero,
colócame una punta de esa fresa
y así, creyendo que me besa,
me atrevo y reconozco que es tu beso
aquello que se posa en mi deseo.

jueves, 18 de mayo de 2017

Otros pájaros

Se escuchan trinos de otros pájaros
distintos a cuando yo era niño.
Aquellos habrán muerto.
Yo también me estoy muriendo.
Pájaros distintos en los suelos
de unos parques que engendraron
pavimentos de otros tiempos.
No, yo no sigo sendas de estos suelos
que taparon mis momentos,
cuando yo era solo un signo
que me abría a mis designios.

lunes, 15 de mayo de 2017

Escribirá el vacío

Lo que ahora no escriba
quedará en el silencio.
Lo que no acierte a imaginar
no encontrará trasvase
hacia otra mente urdidora
de resquicios de placer.
Si ahora no escribo (ni mañana
ni otra vez que haya motivo), entonces
escribirá el vacío.

viernes, 5 de mayo de 2017

He visto

He visto a los pájaros turbar su timidez
hace un rato
con la tromba de agua que arreciaba.
Sus alas robaban al viento tozudez
y toda rama era señuelo
de cobijo,
sin pizca de merced.

domingo, 30 de abril de 2017

Un dolor antiguo

Todavía perdura un dolor antiguo,
como de décadas,
un malestar que no se acaba de interiorizar, siquiera,
aunque quede claro que va contra tu propio estado
que requiere —más bien—algún mimo de grandezas adquiridas.

Esa pulsión antigua manifiesta oquedades
que se agrandan con la edad y sus metales.
Cada edad tiene su timbre que percute en los oídos,
siempre atentos al runrún del ir dejando
despacito
nuestros gritos.

Desde dónde viene

¿Desde dónde viene la paz con sus andares
que trastabillea siempre
si creo que la alcanzo?

¿Desde cuándo abarca su quietud
la impronta que nos vamos dando?

¡Anda, ven un rato,
anda a ratos,
guarda restos
del profundo trato!

¿Hacia dónde giro
si la quiero tanto?