¡Habla!, solitario. Clama en nombre de las torres inventadas.
Habla encima de las letras de tu antojo.
Si no saben los demás tu sentir desentrañar,
¡Diles!, solitario, entonces, que son tuyos los enojos,
que ellos forman mil despojos que la lengua siendo aguda,
todos por su punta ruda, todos, por su punta expulsa.
¡Habla! No maldigas la elocuencia de tu propia verborrea.
¡Sigue, arrea, lanza, tira, bota, suelta, saca, idea, inventa!
sonidos de menta, de mentar, de mentir, de vivir y de sentir.
No te dejes corregir si es por un sonido vil;
no te dejes acallar si tu voz herida está.
¡Déjales también hablar! ¿Hablarán tan bien, tan bien?
¡Claro, solitario, claro! Nadie debe ya callar,
sólo aquellos que ya intuyen que los sonidos no sirven
para el aire mejorar, por silencio rogarán.
Dejarán pasar los silbos por las agujas de pinos,
por las ramas de los chopos... No querrán dichos ni
tropos ni tampoco desalojos de las bocas ya sin sorbos.
Vicente Javier-F
Vicente Javier-F
GRACIAS POR ENTRAR EN ESTE TROCITO DE MUNDO PARTICULAR, POR AYUDARME A BUSCAR ESE MOMENTO DE PLACIDEZ. A VECES NOS LLEGA SINTIENDO LO BELLO, LO SUAVE Y SERENO. LO MISMO TE OCURREN LOS SALTOS DE ASOMBRO. LA VISTA LO APRECIA Y LO BUSCA INCESANTE.
GRACIAS DE NUEVO AL LEER LO QUE ESCRIBO. LO MISMO OS DIGO POR VER LO QUE VI.
GRACIAS DE NUEVO AL LEER LO QUE ESCRIBO. LO MISMO OS DIGO POR VER LO QUE VI.
miércoles, 8 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
AMAPOLAS INFELICES
Quemo flores en las noches
de amapolas infelices.
Veo pétalos ardientes
que en mi mente ya veía
por los días.
Junto todos los colores apretados
y en un solo pensamiento
quemo todos los deseos
deshojados en la pira enrojecida del ardor.
Quemo pétalos; después me quemo yo.
Vicente Javier-F
de amapolas infelices.
Veo pétalos ardientes
que en mi mente ya veía
por los días.
Junto todos los colores apretados
y en un solo pensamiento
quemo todos los deseos
deshojados en la pira enrojecida del ardor.
Quemo pétalos; después me quemo yo.
Vicente Javier-F
HOLA, AMOR
Hola, amor. ¡Quiérete solo!
Di por qué un perdido vate
ha de jugar a adorarte.
Hola, amor. ¡Quiero ser tu gran
traidor!
Te han cantado tantas veces
tan honrados literatos,
tanta pluma embellecida,
por las noches y los días,
por los campos y palacios...
Se han posado en las camelias
del jardín más adorable, o en el
pozo de las sombras alocadas que
esperaban a la aurora por quererse
hasta morir.
Te han honrado las familias
de Montescos y también de Capuletos.
Has preñado las campiñas
de pastoras y de rústicos sentidos.
Has quitado cada espina a las rosas que
aromaban tu pasión. Ahora pasamos
las manos por los tallos despejados
y sentimos el querer sin el sufrir,
o sufrimos sin poder sentirte a ti.
¡Ay, amor, me has engañado!
He creído las palabras de los
libros absorbiendo ese sentir
por creerlo muy por encima de mí.
¡Ay, amor, estás aquí!
¡Ay, amor, te canté a ti!
Todos los que ya vencidos
por haberte conocido y ser hijos de otros
siglos, alabarte ya no pueden,
aunque quieran o lo rueguen.
Todos los que ya vencidos, si se han visto
envilecidos por creer en tus suspiros,
todos hoy están en mí.
He podido decidir alabar en tu
semblante lo más álgido del ser.
He podido decidir resarcir todo lamento
que por no abarcarte entero,
tanto amor de caballero
-o de princesa sin dueño-
ensuciados y raídos como gabanes
sin brillo llevan siglos padeciendo
tus susurros desvaídos.
He podido decidir:
¡Hola, amor, quiérete a ti!
Vicente Javier-F
Di por qué un perdido vate
ha de jugar a adorarte.
Hola, amor. ¡Quiero ser tu gran
traidor!
Te han cantado tantas veces
tan honrados literatos,
tanta pluma embellecida,
por las noches y los días,
por los campos y palacios...
Se han posado en las camelias
del jardín más adorable, o en el
pozo de las sombras alocadas que
esperaban a la aurora por quererse
hasta morir.
Te han honrado las familias
de Montescos y también de Capuletos.
Has preñado las campiñas
de pastoras y de rústicos sentidos.
Has quitado cada espina a las rosas que
aromaban tu pasión. Ahora pasamos
las manos por los tallos despejados
y sentimos el querer sin el sufrir,
o sufrimos sin poder sentirte a ti.
¡Ay, amor, me has engañado!
He creído las palabras de los
libros absorbiendo ese sentir
por creerlo muy por encima de mí.
¡Ay, amor, estás aquí!
¡Ay, amor, te canté a ti!
Todos los que ya vencidos
por haberte conocido y ser hijos de otros
siglos, alabarte ya no pueden,
aunque quieran o lo rueguen.
Todos los que ya vencidos, si se han visto
envilecidos por creer en tus suspiros,
todos hoy están en mí.
He podido decidir alabar en tu
semblante lo más álgido del ser.
He podido decidir resarcir todo lamento
que por no abarcarte entero,
tanto amor de caballero
-o de princesa sin dueño-
ensuciados y raídos como gabanes
sin brillo llevan siglos padeciendo
tus susurros desvaídos.
He podido decidir:
¡Hola, amor, quiérete a ti!
Vicente Javier-F
domingo, 29 de mayo de 2011
YA NO HAY NADIE ALLÍ DETRÁS
Ya no hay nadie al otro lado
de mi vida. Nadie vaga
por la estrecha senda de los pasos
por andar. No siento ya aquella mano
que me amarra mientras doblo mis rodillas
al caer, aunque sepa caminar.
Yo no sé lo que me digo y si acaso
digo algo a los demás.
Suelto leves balbuceos como pompas de jabón
que ya pronto estallarán. También noto cómo irrumpen
dedos grandes de otras palmas en mi cara descansada.
Ora un pómulo enrojece; ora el otro se retuerce,
y el dolor se queda solo,
compartido por las ruedas del triciclo
que no más sabe rodar y ayudarme
a transitar, mientras yo mismo ejercito
mis piernas de caminar.
Pero llamo y ya no hay nadie al otro lado
del dolor, sólo pajaritos sueltos enredando
entre mis llantos.
Claro, siempre hay alguien muy cercano
al llorón que no camina y que come
sólo granos de las sales de su llanto.
No te voy a ti a nombrar a ese alguien
que a tu lado siempre está.
Pero yo, yo ya no siento el otro lado de la edad.
Sólo me persigo a mí; sólo me aproximo aquí.
Son gigantes los que avanzan por las calles
humeantes por el negruzco alquitrán.
Sé que siento aquellos pasos pululando
en el portal, en la brea o en las colas de los
cientos de paradas de autobuses que yo no puedo
tomar. ¡Mejor!: todos van a las industrias;
todos van a las mil horas que en ellas deben estar.
Ya no miro para atrás.
¿Quién responde si no están?
Todos los que yo esperaba ya se han ido a trabajar.
Sólo un humo con sabor a los potajes
te recuerda que hay mujeres
que aprendieron "sus labores".
No todas son tu mamá.
Entonces, ¿para qué mirar atrás?
Tú recuerdas tus miradas,
endulzadas por las ganas de gustar.
Yo recuerdo que sí fui; yo recuerdo que me veo
dentro de mi cuerpo entero, mas las células se fueron.
Poco a poco van cayendo y las nuevas te recuerdan
que quien no pisa la tierra que se mueve en el presente,
ese se ha caído ya. Y todo del otro lado,
del adiós y del ocaso, ¡qué más da si no lo palpo!
Queda el lánguido señuelo de agitar
aquel pañuelo; queda el único consuelo
de saber que yo doy forma al fonema y a la letra
que en palabras reunidas saben la verdad que espera:
ya no hay nadie allí detrás.
Vicente Javier-F
de mi vida. Nadie vaga
por la estrecha senda de los pasos
por andar. No siento ya aquella mano
que me amarra mientras doblo mis rodillas
al caer, aunque sepa caminar.
Yo no sé lo que me digo y si acaso
digo algo a los demás.
Suelto leves balbuceos como pompas de jabón
que ya pronto estallarán. También noto cómo irrumpen
dedos grandes de otras palmas en mi cara descansada.
Ora un pómulo enrojece; ora el otro se retuerce,
y el dolor se queda solo,
compartido por las ruedas del triciclo
que no más sabe rodar y ayudarme
a transitar, mientras yo mismo ejercito
mis piernas de caminar.
Pero llamo y ya no hay nadie al otro lado
del dolor, sólo pajaritos sueltos enredando
entre mis llantos.
Claro, siempre hay alguien muy cercano
al llorón que no camina y que come
sólo granos de las sales de su llanto.
No te voy a ti a nombrar a ese alguien
que a tu lado siempre está.
Pero yo, yo ya no siento el otro lado de la edad.
Sólo me persigo a mí; sólo me aproximo aquí.
Son gigantes los que avanzan por las calles
humeantes por el negruzco alquitrán.
Sé que siento aquellos pasos pululando
en el portal, en la brea o en las colas de los
cientos de paradas de autobuses que yo no puedo
tomar. ¡Mejor!: todos van a las industrias;
todos van a las mil horas que en ellas deben estar.
Ya no miro para atrás.
¿Quién responde si no están?
Todos los que yo esperaba ya se han ido a trabajar.
Sólo un humo con sabor a los potajes
te recuerda que hay mujeres
que aprendieron "sus labores".
No todas son tu mamá.
Entonces, ¿para qué mirar atrás?
Tú recuerdas tus miradas,
endulzadas por las ganas de gustar.
Yo recuerdo que sí fui; yo recuerdo que me veo
dentro de mi cuerpo entero, mas las células se fueron.
Poco a poco van cayendo y las nuevas te recuerdan
que quien no pisa la tierra que se mueve en el presente,
ese se ha caído ya. Y todo del otro lado,
del adiós y del ocaso, ¡qué más da si no lo palpo!
Queda el lánguido señuelo de agitar
aquel pañuelo; queda el único consuelo
de saber que yo doy forma al fonema y a la letra
que en palabras reunidas saben la verdad que espera:
ya no hay nadie allí detrás.
Vicente Javier-F
jueves, 26 de mayo de 2011
FRÍA LISURA DE HIELO
"¡Fría lisura de hielo!"
Ella me dijo con tal
desconsuelo que siento
cortante mi propio lamento.
Bien pudo haber sido:
"fría lisura de cielo".
Y, aún así, ¿por qué fría
la lisura mía?
¡Vamos!, cariño de afeites
calientes, ¿dónde notaste
ese corte de frío nombrado?
¿Hablamos ahora de un ser
decorado con tez arenosa
-quizá-; con alma de fuego
supremo? ¿Hay alguien dorado
del todo que sueña tus cálidos
poros?
¿Soy frío por serlo,
sin más; sin
quererlo?
Entonces, tu tacto era piel
recubierta. Sensores aislados ponías
tapando mis poros de amor.
Amor, color y calor.
No es que me fluya la lava
por venas y arterias dañadas.
Al menos, ahora, deja que sienta
la lumbre que yo creía aportaba.
No quiero helado mi sueño:
¡Fría lisura sentías!
Yo no acaricio; yo no deslizo mis
dedos dañados de piel
decorada de azules
glaciales.
Ahora yo aprieto mis poros
(la dermis borrada de tus
insensibles yemas),
y aprieto y aprieto los flujos
sangrientos que escriben por mí
mi lamento.
Vicente Javier-F
Ella me dijo con tal
desconsuelo que siento
cortante mi propio lamento.
Bien pudo haber sido:
"fría lisura de cielo".
Y, aún así, ¿por qué fría
la lisura mía?
¡Vamos!, cariño de afeites
calientes, ¿dónde notaste
ese corte de frío nombrado?
¿Hablamos ahora de un ser
decorado con tez arenosa
-quizá-; con alma de fuego
supremo? ¿Hay alguien dorado
del todo que sueña tus cálidos
poros?
¿Soy frío por serlo,
sin más; sin
quererlo?
Entonces, tu tacto era piel
recubierta. Sensores aislados ponías
tapando mis poros de amor.
Amor, color y calor.
No es que me fluya la lava
por venas y arterias dañadas.
Al menos, ahora, deja que sienta
la lumbre que yo creía aportaba.
No quiero helado mi sueño:
¡Fría lisura sentías!
Yo no acaricio; yo no deslizo mis
dedos dañados de piel
decorada de azules
glaciales.
Ahora yo aprieto mis poros
(la dermis borrada de tus
insensibles yemas),
y aprieto y aprieto los flujos
sangrientos que escriben por mí
mi lamento.
Vicente Javier-F
miércoles, 25 de mayo de 2011
ÁLAMO BLANCO
Sólo ver cómo las mece,
las hojas por el envés.
Sólo percibir el viento
y su caricia de cielo.
Sólo quiero ese placer.
Siente el viento desde el pie
que te sube hasta la sien.
¡Oh!, gris de hojas al revés
que en vaivén te dejas ver!
Hojas de álamo en danza
por el viento, coronel,
siento en tu soplo el aplaque
de los juegos de mi ser.
Vicente Javier-F
las hojas por el envés.
Sólo percibir el viento
y su caricia de cielo.
Sólo quiero ese placer.
Siente el viento desde el pie
que te sube hasta la sien.
¡Oh!, gris de hojas al revés
que en vaivén te dejas ver!
Hojas de álamo en danza
por el viento, coronel,
siento en tu soplo el aplaque
de los juegos de mi ser.
Vicente Javier-F
martes, 17 de mayo de 2011
APRENDIENDO ENTRE LAS SIMAS
¿Tú recuerdas los abismos divisados
en las noches recortados por los filos
de los peligros sentidos?
¿Tú recuerdas cada sima divisada
en las mañanas apuradas por los cortes
y reflejos de los rayos?
¿Hay un sol que me levante y una luna
que me oculte sin tener siempre presente
el vacío del avance?
-Hay un sol que te levante y una luna
que te sede suavemente en los susurros
siseados por tu mente.
Ese sol tan cegador sólo suma
sus destellos encendiendo los deseos
que pululan casi etéreos.
Ahora pinta bien difusos los contornos
de esos cortes, de esas fallas y esos montes
inventados en tu mente.
Vicente Javier-F
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