Veo un resplandor de vida
que asoma por tus orillas.
Río Ancho que te brinda
ojos de puente de piedra,
y torre galana que cuida
el minarete que observa
la Calahorra en su cima.
Patio de los Naranjos
que impregna todo tu olfato
antes que el alabastro
el brillo robe a tus ojos
si traspasas el umbral
del templo que hizo Alakán.
Bosque de mármol erguido
también por Abderramán.
Arcos montados en fustes
que doblan tu bienestar.
Jardines quedan pensando
cómo igualar el Edén;
susurros de agua y frescura
en el Alcázar del Rey.
Y el pueblo puso a tus pies
patios de mayo que ardieron
por los geranios bermejos,
que año tras año supieron
quemar el blanco de cal
como una traca final,
sonante en otro lugar.
¡Oh, Judería altiva,
traviesa, pura y sentida!,
perdemos nuestros sentidos
sintiendo blancos recodos
estrechos al caminar.
Secretos de tus esquinas
de anchuras todas perdidas;
secretos de asombro y enojo
porque te quitan la gloria
en un delirio de azar.
Brillante, barrio que asciende
buscando a la Sierra Morena;
brillante siempre tu sino
aunque hoy te den por vencido.
¡Adiós, Arruzafa antigua!,
siempre callada en lo alto
recuerdo del califato.
¡Ay, Corduva perdida!
entre columnas de templos
que quedan entre el cemento.
¡Adiós, Córdoba eterna,
sigue esperando clamores
y si hoy te quitan la dicha,
dichosa sigas erguida.
Vicente Javier-F
(*) En honor a la siempre espléndida Córdoba, tras el fiasco "otorgado" al no concederle la titularidad de "Ciudad Europea de la Cultura" para el año 2016. Gracias por tanta hondura y belleza, y que disculpen las cuatro que también merecen retrato, más esa Easo ensalzada.
Vicente Javier-F
GRACIAS POR ENTRAR EN ESTE TROCITO DE MUNDO PARTICULAR, POR AYUDARME A BUSCAR ESE MOMENTO DE PLACIDEZ. A VECES NOS LLEGA SINTIENDO LO BELLO, LO SUAVE Y SERENO. LO MISMO TE OCURREN LOS SALTOS DE ASOMBRO. LA VISTA LO APRECIA Y LO BUSCA INCESANTE.
GRACIAS DE NUEVO AL LEER LO QUE ESCRIBO. LO MISMO OS DIGO POR VER LO QUE VI.
GRACIAS DE NUEVO AL LEER LO QUE ESCRIBO. LO MISMO OS DIGO POR VER LO QUE VI.
jueves, 30 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
TIERRA
Tierra. Tierra. Tierra.
Tierra seca sin mareas.
Reptan las sombras
por su piel terrosa
con granos de piedras,
sueltas, secas, secas.
Ombligos del mundo,
de tantos que han sido,
la Tierra ha perdido
el centro de algunos
(o el sitio de todos).
Aquí sólo reptan
las sombras caídas.
No vemos erguido
ni el árbol altivo
ni el ser corrosivo
que fue transmutando
las piedras del campo
por polvo y por polvo;
por campos heridos.
Sombras del ser
abajo en el suelo.
Sombras que sacan
heridas de anzuelo.
Sombras de duelo
que arrastran señuelos
de pasado eterno,
de pasado infierno.
Sombras de suelo,
sin tacto, sin vuelo,
con duelo,
con rasgos de pecho
rasgado,
reseco,
deshecho.
Ciñen las tierras
los polvos etéreos
de las sombras que fueron
por los suelos
sueltos, secos,
secos.
Vicente Javier-F
Tierra seca sin mareas.
Reptan las sombras
por su piel terrosa
con granos de piedras,
sueltas, secas, secas.
Ombligos del mundo,
de tantos que han sido,
la Tierra ha perdido
el centro de algunos
(o el sitio de todos).
Aquí sólo reptan
las sombras caídas.
No vemos erguido
ni el árbol altivo
ni el ser corrosivo
que fue transmutando
las piedras del campo
por polvo y por polvo;
por campos heridos.
Sombras del ser
abajo en el suelo.
Sombras que sacan
heridas de anzuelo.
Sombras de duelo
que arrastran señuelos
de pasado eterno,
de pasado infierno.
Sombras de suelo,
sin tacto, sin vuelo,
con duelo,
con rasgos de pecho
rasgado,
reseco,
deshecho.
Ciñen las tierras
los polvos etéreos
de las sombras que fueron
por los suelos
sueltos, secos,
secos.
Vicente Javier-F
miércoles, 8 de junio de 2011
¡HABLA!
¡Habla!, solitario. Clama en nombre de las torres inventadas.
Habla encima de las letras de tu antojo.
Si no saben los demás tu sentir desentrañar,
¡Diles!, solitario, entonces, que son tuyos los enojos,
que ellos forman mil despojos que la lengua siendo aguda,
todos por su punta ruda, todos, por su punta expulsa.
¡Habla! No maldigas la elocuencia de tu propia verborrea.
¡Sigue, arrea, lanza, tira, bota, suelta, saca, idea, inventa!
sonidos de menta, de mentar, de mentir, de vivir y de sentir.
No te dejes corregir si es por un sonido vil;
no te dejes acallar si tu voz herida está.
¡Déjales también hablar! ¿Hablarán tan bien, tan bien?
¡Claro, solitario, claro! Nadie debe ya callar,
sólo aquellos que ya intuyen que los sonidos no sirven
para el aire mejorar, por silencio rogarán.
Dejarán pasar los silbos por las agujas de pinos,
por las ramas de los chopos... No querrán dichos ni
tropos ni tampoco desalojos de las bocas ya sin sorbos.
Vicente Javier-F
Habla encima de las letras de tu antojo.
Si no saben los demás tu sentir desentrañar,
¡Diles!, solitario, entonces, que son tuyos los enojos,
que ellos forman mil despojos que la lengua siendo aguda,
todos por su punta ruda, todos, por su punta expulsa.
¡Habla! No maldigas la elocuencia de tu propia verborrea.
¡Sigue, arrea, lanza, tira, bota, suelta, saca, idea, inventa!
sonidos de menta, de mentar, de mentir, de vivir y de sentir.
No te dejes corregir si es por un sonido vil;
no te dejes acallar si tu voz herida está.
¡Déjales también hablar! ¿Hablarán tan bien, tan bien?
¡Claro, solitario, claro! Nadie debe ya callar,
sólo aquellos que ya intuyen que los sonidos no sirven
para el aire mejorar, por silencio rogarán.
Dejarán pasar los silbos por las agujas de pinos,
por las ramas de los chopos... No querrán dichos ni
tropos ni tampoco desalojos de las bocas ya sin sorbos.
Vicente Javier-F
sábado, 4 de junio de 2011
AMAPOLAS INFELICES
Quemo flores en las noches
de amapolas infelices.
Veo pétalos ardientes
que en mi mente ya veía
por los días.
Junto todos los colores apretados
y en un solo pensamiento
quemo todos los deseos
deshojados en la pira enrojecida del ardor.
Quemo pétalos; después me quemo yo.
Vicente Javier-F
de amapolas infelices.
Veo pétalos ardientes
que en mi mente ya veía
por los días.
Junto todos los colores apretados
y en un solo pensamiento
quemo todos los deseos
deshojados en la pira enrojecida del ardor.
Quemo pétalos; después me quemo yo.
Vicente Javier-F
HOLA, AMOR
Hola, amor. ¡Quiérete solo!
Di por qué un perdido vate
ha de jugar a adorarte.
Hola, amor. ¡Quiero ser tu gran
traidor!
Te han cantado tantas veces
tan honrados literatos,
tanta pluma embellecida,
por las noches y los días,
por los campos y palacios...
Se han posado en las camelias
del jardín más adorable, o en el
pozo de las sombras alocadas que
esperaban a la aurora por quererse
hasta morir.
Te han honrado las familias
de Montescos y también de Capuletos.
Has preñado las campiñas
de pastoras y de rústicos sentidos.
Has quitado cada espina a las rosas que
aromaban tu pasión. Ahora pasamos
las manos por los tallos despejados
y sentimos el querer sin el sufrir,
o sufrimos sin poder sentirte a ti.
¡Ay, amor, me has engañado!
He creído las palabras de los
libros absorbiendo ese sentir
por creerlo muy por encima de mí.
¡Ay, amor, estás aquí!
¡Ay, amor, te canté a ti!
Todos los que ya vencidos
por haberte conocido y ser hijos de otros
siglos, alabarte ya no pueden,
aunque quieran o lo rueguen.
Todos los que ya vencidos, si se han visto
envilecidos por creer en tus suspiros,
todos hoy están en mí.
He podido decidir alabar en tu
semblante lo más álgido del ser.
He podido decidir resarcir todo lamento
que por no abarcarte entero,
tanto amor de caballero
-o de princesa sin dueño-
ensuciados y raídos como gabanes
sin brillo llevan siglos padeciendo
tus susurros desvaídos.
He podido decidir:
¡Hola, amor, quiérete a ti!
Vicente Javier-F
Di por qué un perdido vate
ha de jugar a adorarte.
Hola, amor. ¡Quiero ser tu gran
traidor!
Te han cantado tantas veces
tan honrados literatos,
tanta pluma embellecida,
por las noches y los días,
por los campos y palacios...
Se han posado en las camelias
del jardín más adorable, o en el
pozo de las sombras alocadas que
esperaban a la aurora por quererse
hasta morir.
Te han honrado las familias
de Montescos y también de Capuletos.
Has preñado las campiñas
de pastoras y de rústicos sentidos.
Has quitado cada espina a las rosas que
aromaban tu pasión. Ahora pasamos
las manos por los tallos despejados
y sentimos el querer sin el sufrir,
o sufrimos sin poder sentirte a ti.
¡Ay, amor, me has engañado!
He creído las palabras de los
libros absorbiendo ese sentir
por creerlo muy por encima de mí.
¡Ay, amor, estás aquí!
¡Ay, amor, te canté a ti!
Todos los que ya vencidos
por haberte conocido y ser hijos de otros
siglos, alabarte ya no pueden,
aunque quieran o lo rueguen.
Todos los que ya vencidos, si se han visto
envilecidos por creer en tus suspiros,
todos hoy están en mí.
He podido decidir alabar en tu
semblante lo más álgido del ser.
He podido decidir resarcir todo lamento
que por no abarcarte entero,
tanto amor de caballero
-o de princesa sin dueño-
ensuciados y raídos como gabanes
sin brillo llevan siglos padeciendo
tus susurros desvaídos.
He podido decidir:
¡Hola, amor, quiérete a ti!
Vicente Javier-F
domingo, 29 de mayo de 2011
YA NO HAY NADIE ALLÍ DETRÁS
Ya no hay nadie al otro lado
de mi vida. Nadie vaga
por la estrecha senda de los pasos
por andar. No siento ya aquella mano
que me amarra mientras doblo mis rodillas
al caer, aunque sepa caminar.
Yo no sé lo que me digo y si acaso
digo algo a los demás.
Suelto leves balbuceos como pompas de jabón
que ya pronto estallarán. También noto cómo irrumpen
dedos grandes de otras palmas en mi cara descansada.
Ora un pómulo enrojece; ora el otro se retuerce,
y el dolor se queda solo,
compartido por las ruedas del triciclo
que no más sabe rodar y ayudarme
a transitar, mientras yo mismo ejercito
mis piernas de caminar.
Pero llamo y ya no hay nadie al otro lado
del dolor, sólo pajaritos sueltos enredando
entre mis llantos.
Claro, siempre hay alguien muy cercano
al llorón que no camina y que come
sólo granos de las sales de su llanto.
No te voy a ti a nombrar a ese alguien
que a tu lado siempre está.
Pero yo, yo ya no siento el otro lado de la edad.
Sólo me persigo a mí; sólo me aproximo aquí.
Son gigantes los que avanzan por las calles
humeantes por el negruzco alquitrán.
Sé que siento aquellos pasos pululando
en el portal, en la brea o en las colas de los
cientos de paradas de autobuses que yo no puedo
tomar. ¡Mejor!: todos van a las industrias;
todos van a las mil horas que en ellas deben estar.
Ya no miro para atrás.
¿Quién responde si no están?
Todos los que yo esperaba ya se han ido a trabajar.
Sólo un humo con sabor a los potajes
te recuerda que hay mujeres
que aprendieron "sus labores".
No todas son tu mamá.
Entonces, ¿para qué mirar atrás?
Tú recuerdas tus miradas,
endulzadas por las ganas de gustar.
Yo recuerdo que sí fui; yo recuerdo que me veo
dentro de mi cuerpo entero, mas las células se fueron.
Poco a poco van cayendo y las nuevas te recuerdan
que quien no pisa la tierra que se mueve en el presente,
ese se ha caído ya. Y todo del otro lado,
del adiós y del ocaso, ¡qué más da si no lo palpo!
Queda el lánguido señuelo de agitar
aquel pañuelo; queda el único consuelo
de saber que yo doy forma al fonema y a la letra
que en palabras reunidas saben la verdad que espera:
ya no hay nadie allí detrás.
Vicente Javier-F
de mi vida. Nadie vaga
por la estrecha senda de los pasos
por andar. No siento ya aquella mano
que me amarra mientras doblo mis rodillas
al caer, aunque sepa caminar.
Yo no sé lo que me digo y si acaso
digo algo a los demás.
Suelto leves balbuceos como pompas de jabón
que ya pronto estallarán. También noto cómo irrumpen
dedos grandes de otras palmas en mi cara descansada.
Ora un pómulo enrojece; ora el otro se retuerce,
y el dolor se queda solo,
compartido por las ruedas del triciclo
que no más sabe rodar y ayudarme
a transitar, mientras yo mismo ejercito
mis piernas de caminar.
Pero llamo y ya no hay nadie al otro lado
del dolor, sólo pajaritos sueltos enredando
entre mis llantos.
Claro, siempre hay alguien muy cercano
al llorón que no camina y que come
sólo granos de las sales de su llanto.
No te voy a ti a nombrar a ese alguien
que a tu lado siempre está.
Pero yo, yo ya no siento el otro lado de la edad.
Sólo me persigo a mí; sólo me aproximo aquí.
Son gigantes los que avanzan por las calles
humeantes por el negruzco alquitrán.
Sé que siento aquellos pasos pululando
en el portal, en la brea o en las colas de los
cientos de paradas de autobuses que yo no puedo
tomar. ¡Mejor!: todos van a las industrias;
todos van a las mil horas que en ellas deben estar.
Ya no miro para atrás.
¿Quién responde si no están?
Todos los que yo esperaba ya se han ido a trabajar.
Sólo un humo con sabor a los potajes
te recuerda que hay mujeres
que aprendieron "sus labores".
No todas son tu mamá.
Entonces, ¿para qué mirar atrás?
Tú recuerdas tus miradas,
endulzadas por las ganas de gustar.
Yo recuerdo que sí fui; yo recuerdo que me veo
dentro de mi cuerpo entero, mas las células se fueron.
Poco a poco van cayendo y las nuevas te recuerdan
que quien no pisa la tierra que se mueve en el presente,
ese se ha caído ya. Y todo del otro lado,
del adiós y del ocaso, ¡qué más da si no lo palpo!
Queda el lánguido señuelo de agitar
aquel pañuelo; queda el único consuelo
de saber que yo doy forma al fonema y a la letra
que en palabras reunidas saben la verdad que espera:
ya no hay nadie allí detrás.
Vicente Javier-F
jueves, 26 de mayo de 2011
FRÍA LISURA DE HIELO
"¡Fría lisura de hielo!"
Ella me dijo con tal
desconsuelo que siento
cortante mi propio lamento.
Bien pudo haber sido:
"fría lisura de cielo".
Y, aún así, ¿por qué fría
la lisura mía?
¡Vamos!, cariño de afeites
calientes, ¿dónde notaste
ese corte de frío nombrado?
¿Hablamos ahora de un ser
decorado con tez arenosa
-quizá-; con alma de fuego
supremo? ¿Hay alguien dorado
del todo que sueña tus cálidos
poros?
¿Soy frío por serlo,
sin más; sin
quererlo?
Entonces, tu tacto era piel
recubierta. Sensores aislados ponías
tapando mis poros de amor.
Amor, color y calor.
No es que me fluya la lava
por venas y arterias dañadas.
Al menos, ahora, deja que sienta
la lumbre que yo creía aportaba.
No quiero helado mi sueño:
¡Fría lisura sentías!
Yo no acaricio; yo no deslizo mis
dedos dañados de piel
decorada de azules
glaciales.
Ahora yo aprieto mis poros
(la dermis borrada de tus
insensibles yemas),
y aprieto y aprieto los flujos
sangrientos que escriben por mí
mi lamento.
Vicente Javier-F
Ella me dijo con tal
desconsuelo que siento
cortante mi propio lamento.
Bien pudo haber sido:
"fría lisura de cielo".
Y, aún así, ¿por qué fría
la lisura mía?
¡Vamos!, cariño de afeites
calientes, ¿dónde notaste
ese corte de frío nombrado?
¿Hablamos ahora de un ser
decorado con tez arenosa
-quizá-; con alma de fuego
supremo? ¿Hay alguien dorado
del todo que sueña tus cálidos
poros?
¿Soy frío por serlo,
sin más; sin
quererlo?
Entonces, tu tacto era piel
recubierta. Sensores aislados ponías
tapando mis poros de amor.
Amor, color y calor.
No es que me fluya la lava
por venas y arterias dañadas.
Al menos, ahora, deja que sienta
la lumbre que yo creía aportaba.
No quiero helado mi sueño:
¡Fría lisura sentías!
Yo no acaricio; yo no deslizo mis
dedos dañados de piel
decorada de azules
glaciales.
Ahora yo aprieto mis poros
(la dermis borrada de tus
insensibles yemas),
y aprieto y aprieto los flujos
sangrientos que escriben por mí
mi lamento.
Vicente Javier-F
Suscribirse a:
Entradas (Atom)