Vicente Javier-F

GRACIAS POR ENTRAR EN ESTE TROCITO DE MUNDO PARTICULAR, POR AYUDARME A BUSCAR ESE MOMENTO DE PLACIDEZ. A VECES NOS LLEGA SINTIENDO LO BELLO, LO SUAVE Y SERENO. LO MISMO TE OCURREN LOS SALTOS DE ASOMBRO. LA VISTA LO APRECIA Y LO BUSCA INCESANTE.







GRACIAS DE NUEVO AL LEER LO QUE ESCRIBO. LO MISMO OS DIGO POR VER LO QUE VI.







domingo, 16 de julio de 2017

Las miradas de otros siglos

Eran parroquias o anteiglesias, de traza más bien restringida a las miradas de perspectivas ya secas, como enmarcadas en un cansancio escrupulosamente antiguo, salidas de un rumor de siglos, donde todas esas piedras de sillar ennoblecido habrían dejado emparedadas las celadas, las espadas y cuchillos, las ventanas y postigos; las miradas de otros siglos.


Iglesias, ya secas, rumor, pertenecieron, siglos.


(Sacadas de una toma fotográfica  que, azarosamente, puso ante mí esas palabras del poemario “Arderá el hielo”, de Ilia Galán.)

miércoles, 12 de julio de 2017

Del mar

Del mar, vienen del mar
todas estas nubes que ya alcanzan
superficies tan lejanas de la mar.
Traen el color del salitre
y de esa blanca espuma sonora
de todas las olas.
Mira las nubes.
Son del agua,
de los dominios mojados que juegan
a echar en el aire enredos etéreos
de vahos que se tumban
posando sus panzas
en vagas corrientes
y miran los valles
y rascan las cumbres
y saben de ríos
que añoran favores.




domingo, 9 de julio de 2017

Un encerado de trizas

Tengo un encerado de trizas
donde anoto los repasos de la vida.
Con mi borrador de añicos lo suavizo.
Caen los polvos de la tiza que se sabe ya ceniza.
Blanquecinas trizas. Diminutas compañías incisivas
en espera de una brisa que las lleve a los cuarteles de desechos,
aunque no me recompongan suaves superficies amplias en el trazo de la vida.


jueves, 29 de junio de 2017

Ella también

Ella también es poeta
y dice que escribe
con la punta de los días.
Suave encierro entre sus yemas.

sábado, 24 de junio de 2017

Te embrutezco un poco


Si quieres, te embrutezco un poco,
te doy un abrazo,
te rozo los labios
y, poco a poco, te extraño tus ratos,
animalizando un tanto
ese otro trato que dicen humano
y viene hace tiempo
rozando finuras de guerra,
de espanto; de hambrunas espesas,
que arañan y arañan.
Así que, si quieres, te embrutezco un rato
y que quede y que quede
mi trato de humano.

domingo, 18 de junio de 2017

Los pueblos con verano de la infancia

(Aquel calor en los días de la infancia. Veranos en pueblos que no eran el mío. Aquí, la pubertad, en Anguciana, Augustiana Castra, La Rioja. Los veranos de la niñez, todos, habían transcurrido en Sajazarra, misma provincia. Estos recuerdos transcurren en un ambiente de pueblo y campos de regadío, por contraste al mío, de pleno secano. Sigo sintiendo la quietud pesada y polvorienta del secano; lo húmedo lo extraño, me retrae, salvo el pleno azul de La Costa de la Luz.)


Hacía calor en los pueblos con verano
de la infancia. Había choperas
y una larga sombra en ellas
que no aciertas a sorberla.
El río era sombrío: las pozas, los sotos:
marañas de la umbría.
A veces, los claros entre bóvedas de chopos
nos servían.
¡Jesús, que agua más fría!
Y otra vez al polvo seco del camino y de los
días. Polvo en los terrones de las fincas,
siempre pedigüeñas.
Manos que retiran los abrojos y las hierbas,
tubos con su agua en regadío,
hoces que no cortan, es que nuestras manos
son regadas por la savia todavía de la infancia.
Siguen las jornadas siendo largas,
bájate a la cuadra,
siente los hocicos y el gruñido de los cerdos
y las vacas.
Siguen siendo largas —también—
las calles que te llevan a las plazas.
Ruedas que se escapan,
bicis que recorren la esperanza.
Digamos que lo externo no reclama,
ni sabes lo que pasa.
Todo era verano y siempre en danza,
salvo alguna quietud
impuesta por el alma recogida
en los temores que atenazan.